Consigue una pequeña bañera. La bañera debe ser capaz de sostener los guantes cómodamente. Eso es lo que usaremos para remojar los guantes. La bañera no tiene que ser enorme, pero si es todo lo que tienes, está bien. No te olvides de guarda tus guantes con las palmas de tus manos se separan. Si no lo haces, puede que se sequen demasiado (un poco de humedad es aceptable) o que se peguen. Llena la bañera con agua caliente. Nunca use agua fría o hirviendo. Una buena mezcla es 1/3 del agua fría de la bañera y 2/3 del agua muy caliente. Para medir la temperatura, pon tu mano en la bañera. Tu mano no debe enfriarse y tampoco debe arder. Debería ser la temperatura de un baño relajante. Deje que los guantes se sequen. Después del proceso de limpieza, los guantes deben estar mojados. La mejor manera de que los guantes se sequen es naturalmente, pero para eliminar todo el exceso de agua, hay que usar una toalla. Frota el guante. Ahora quieres frotar el guante bajo el agua. Hazlo dedo por dedo. Hazlo con el nudillo o el pulgar porque puedes aplicar mucha presión en la parte de látex del guante. Frótalo hasta que todo el barro se quite del guante. Entonces repite con el otro guante.